El derecho al hedonismo

por Iván Ríos Gascón


Man Ray. Mains Libres, 1936

Man Ray. Mains Libres, 1936

Roland Barthes en El placer del texto: “Vieja, muy vieja tradición: el hedonismo ha sido reprimido por casi todas las filosofías, solo entre los marginados se encuentra la reivindicación hedonista: Sade, Fourier, para Nietzsche mismo el hedonismo es un pesimismo. El placer es siempre decepcionado, reducido, desinflado en provecho de los valores fuertes, nobles: la Verdad, la Muerte, el Progreso, la Lucha, la Alegría, etc. Su rival victorioso es el deseo: se nos habla continuamente del Deseo pero nunca del Placer, el Deseo tendría una dignidad epistémica pero el Placer no. Se diría que la Sociedad (la nuestra) rechaza (y acaba por ignorar) de tal manera el goce que no puede sino producir epistemologías de la Ley (y de su impugnación), nunca de su ausencia, o mejor; de su nulidad. Es curiosa esta permanencia filosófica del Deseo (en tanto nunca es satisfecho); ¿Esta palabra no denotaría una ‘idea de clase’? (Presunción de una prueba bastante grosera pero sin embargo bastante notoria: lo ‘popular’ no conoce el Deseo, solo placeres)”.

Donatien Alphonse François de Sade reclamó el derecho al hedonismo. En el universo orgiástico de sus novelas y relatos siempre hay una voz que instruye, una lengua que cultiva el desenfreno y abomina la virtud, lenguaje que se escinde y cercena al signo de su esencia: Sade subvierte la escritura, la deforma, la corrompe y, así, depura su sentido.

Justine, Juliette, La marquesa de Gange, La filosofía en el tocador, Los 120 días de Sodoma, en la obra de Sade hay un constante, obsesivo empeño en convencer, adoctrinar, pero no nos equivoquemos. Sade no esboza una disculpa a sus ideas, jamás se justifica.

El libertino perfecto del marqués de Sade siempre es tutor de sus esclavos, persevera en mostrar al otro (al objeto del placer o al improbable lector de sus páginas viles) la crudeza del dominio, tácita ordenanza de la naturaleza: “La primera ley que encuentro escrita en el fondo de mi alma no es amar, mucho menos socorrer a los pretendidos hermanos, sino hacerlos servir a mis pasiones” (Juliette) porque “la virtud no es más que una quimera cuyo culto solo consiste en perpetuas inmolaciones, en incontables rebeliones contra las inspiraciones del temperamento” (La filosofía en el tocador). Philippe Sollers señaló una recurrencia. Las institutrices sadeanas tienen nombres con la letra D: Dorotheé, Delmonse, Delbène, Duvergier, Dubois, Durand. Los educadores masculinos pueden ser Bressac, Rodin, Gernande, Minski, Chabert, Télème, Saint–Fond (Sollers no resistió la tentación de relacionarlo con Saint–Just, partidario y colaborador de Robespierre, el enemigo número dos del divino marqués porque Marat era el primero, un monstruo más genuino que los que habitan los palacios licenciosos de Los 120 días de Sodoma, Blangis y su hermano el Obispo, Durcet y el presidente Curval).

Perseguido por el delito de inmoral, por su ateísmo sincero y elocuente (“Dios es para el hombre lo que son los colores para el ciego de nacimiento: le es imposible imaginarlos” escribió en 1782), considerado un loco y aherrojado en las mazmorras clínicas de Charenton, Sade trastornó al mundo al reivindicar el principio de lo humano, el mal, sancionado hasta el extremo por las paradójicas leyes de los hombres: “La crueldad no es más que la energía del hombre no corrompida todavía por la civilización: por lo tanto es una virtud y no un vicio. Eliminad vuestras leyes, vuestros castigos, vuestras costumbres, y la crueldad ya no tendrá efectos peligrosos, puesto que nunca actuará sin ser repelida de inmediato por la misma vía; en el estado de civilización es donde resulta peligrosa, porque el ser lesionado carece casi siempre de la fuerza o de los medios para repeler la injuria; en el estado de incivilización, en cambio, si actúa sobre el fuerte será repelida por éste, y si actúa sobre el débil, puesto que solo ha de lesionar a un ser que cede ante el fuerte por las leyes de la naturaleza, no hay ningún inconveniente en que se ejerza”.

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