Los castillos imposibles de Lewis Mumford

por Iván Ríos Gascón


En 1922, el historiador, sociólogo, filósofo de la tecnología y crítico de arte y de arquitectura Lewis Mumford publicó su primer libro, Historia de las utopías, un brillante recorrido por el pensamiento utópico y los mitos que influyeron en Occidente, cuyos ecos resonaban todavía en las utopías sociales parciales del siglo XX.

Mumford desentrañó las obras de Platón a Henry Morley a partir del concepto inglés de commonwealth, que se refiere a una comunidad política organizada para el bien colectivo, y delineó los dos matices que rigen el mundo ideal: las utopías de escape y las utopías de reconstrucción. En las primeras, lo que él llamó el idolum o pseudoentorno, el substituto del mundo exterior que es ese espacio imaginario en el que todos, en algún momento, nos refugiamos, funciona como mecanismo de compensación que libera de forma inmediata las dificultades o frustraciones que padecemos día con día. Las segundas, por su parte, se fincan en las aspiraciones a futuro, son una suerte de plan o proyecto transformador. Sobre las utopías de escape y las de reconstrucción, Mumford dijo: “La primera deja al mundo tal como es; la segunda trata de cambiarlo, de forma que podamos interactuar con él en nuestros propios términos. En un caso, construimos castillos imposibles en el aire; en el otro, consultamos al agrimensor, al arquitecto y al albañil y procedemos a la construcción de una casa que satisfaga nuestras necesidades básicas, hasta el punto —claro está— en que las casas hechas de piedra y argamasa puedan lograr tal fin”.

Las utopías surgen del inconformismo. Crean ciudades perfectas y apacibles, commonwealths ideales cuya naturaleza corresponde a la época y su pensamiento tradicional, de ahí las diferencias o coloraciones que Mumford halla en su exhaustivo periplo por la República de Platón, la Utopía de Tomás Moro, Cristianópolis de Johann Valentin Andrae, Nueva Atlántida de Francis Bacon, La Ciudad del Sol de Tomasso Campanella, Nova Solyma de Samuel Gott, L’Histoire des Sevarambes de Denis Varaisse D’Allais, Giphantia de C.F. Tiphaigne de la Roche, The Adventures of Gaudentio di Lucca de Simon Brighton, Memoirs of the Year 2500 de Louis Sebastien Mercier, Description of Spensonia de Thomas Spence, El falansterio de Charles Fourier, Voyage en Icarie de Étienne Cabet, y los mundos oníricos de James Silk Buckingham, E. Bulwer–Lytton, Robert Pemberton, Edward Bellamy, Theodor Hertzka, William Morris, Ebenezer Howard, W.H. Hudson, Émile Thirion, Gabriel Trde, H.G. Wells, Ralph Adams Cram, William Blake y, decíamos, Henry Morley. Del año 427 a.C. a 1946, la revisión que Lewis Mumford hizo en Historia de las utopías a los 27 años de edad, prefiguró la sagacidad intelectual de un utópico a su manera, que dedicó el resto de su vida a la reflexión sobre la técnica y las máquinas en la evolución humana y la civilización.

Lewis Mumford

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