Poemas

Espacios liminares

Los senos son las dos grandes lágrimas que llora la belleza por ser tan efímera.

Ramón Gómez de la Serna

Siempre he pensado que en tus muslos

hay pintado un sol.

En la suave, vaporosa infinitud de tu entrepierna

hay una imagen que disuelve al día y la noche,

que regula al tiempo en deseo y magia y sensaciones:

un desfile de elementos que se roba al tacto,

que rebalsa al mundo con el fluir intenso

del licor de tus pezones.

Tienes la forma de una nube al morir.

Eres básica y celeste, olor y parpadeo;

tu cuerpo se deshace en cada umbral de piel y musgo:

eres tierra y árbol y aire y luz,

la forma liminar de un sueño prendido de tus pechos.

Alguna vez te dije que el orgasmo reconstruye.

Que viajar en ti es como hilvanar

el principio y el final del mar y el viento.

La maravilla de percibir, de poseer tu desnudez,

inspira la absoluta permanencia en el rincón

tras el que explotas,

el proscenio donde nace y muere el abandono de tu sexo.

Y fue allí, donde mi lengua era el pincel

de los labios en tu vientre,

cuando en lágrimas y besos

imaginabas que yo era olvido y memoria de tu carne,

el sitio en que te dije

que navegar en ti

significa vértigo y caricia,

silencio, inmovilidad:

para penetrar tu imagen hay que recobrar,

reconstruir y reescribir

la contemplación mecida en tus espacios.

© Iván Ríos Gascón

Del libro Espacios liminares  (Edit. Praxis, México, 2002)

Rompecabezas

Al despertar, tus ojos supuraban

un inmenso revoltijo de palabras.

Tus oídos no soportaban el tumulto

de una imagen corrompida

por el eco de sus formas.

Quisiste abandonar esas esencias.

Olvidar aquella noche y reconstruirte al mediodía.

Deseabas ya no comprender esos olores,

fundirte en claroscuro y acariciar

el tiempo entre las sábanas.

Pero al salir de quella cama

percibiste que tu cuerpo estaba desprendido.

Un brazo allá, las piernas a la izquierda,

los brazos agitándose en la puerta:

debías volver a conformarte.

Recogiste todas las piezas y el complejo ensamble de tu cuerpo

te inspiró una miseria ineluctable.

¿Qué faltaba?

Eso quieres responder, mas no hay palabras,

no hay ideas de otras noches y otras caras y otros sueños.

Das vueltas y vueltas y vueltas

a todas las respuestas,

ya es imposible explicar los fracasos, la tristeza,

 la sutil desesperanza.

Y es que cuando armabas tu cuerpo esa mañana,

olvidaste que el alma

estaba debajo de la cama.

© Iván Ríos Gascón

Del libro Espacios liminares (Edit. Praxis, México, 2002)

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